Mirar hacia el vacío despiadado y tentador y darte
cuenta de dos opciones... sucumbes a la tentación o das media vuelta para morir
en lágrimas. La humillación, dolor o placer dependiendo de qué lado estés y
cómo te sientes con él.
No puedo callar ese susurro, aquel susurro que no para
de gritar: “No eres capaz, Jamás lo serás”, “Ilusa, ¿qué esperas? Nunca vas a
saltar”
Hoy más que nunca lamento el ver ese vacío que me
atrae y vivir ese momento una y otra vez, saber el paso que tengo que dar,
conocer la cercanía de ese frío que me busca pero… siempre hay un pero, todo
está en mi imaginación y el salto no se da, el césped no se pisa y la sangre no
brota.
Lo triste es que tu sonrisa vuelve a aparecer, no te
quiero entiende, pero no eres tú quien está en el espejo y no es a ti a quien
necesito convencer. Mientras que el dique se encuentre fuerte esta fuente
interminable de lágrimas no cederá, y aunque nazca el sol una tras otra vez,
algún día no saldrá más para mí.
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