Que me niegue el agua del río, si estos labios ya no
han muerto. Que me entierren sobre un cadáver para estar en otro cautiverio.
Que la luna de rojo sangre se tiña porque mis ojos se han revelado y hoy no
piensan mirarla. No tiene sentido alguno si el millar de estrellas que surcaban
mi mente han caído y al caer perdieron su brillo sin tener en cuenta lo que en
el pasado fue.
Perdóname recuerdo en vida, querida luna, si hoy no te
veo, pero es el fuego de mi corazón, ese que en cenizas se volvió, el que
triste y melancólico tan solo me pide decir adiós. Un adiós a las ilusiones, un
adiós a esas estrellas caídas, un adiós para no soñar o ¿un adiós para no
vivir?
Y si tu luz persiste en seguirme, dejare mis huellas
en las arenas para que las olas las borren y encuentren su paz, para fundirse
con el sol, la sal y la arena, para que sean una y no vuelvan jamás, allá en el
mar de mi cielo.
Pero… otro, pero, El de tu voz, es mi alimento, y tu
aliento a mi lado, mi agua en este desierto, ¿Qué será de mí?, ¿Qué será de mi
vida?, sin mi alimento ni agua, sin cielo ni infierno, con lluvia en verano y
calor en invierno, simplemente yo sin ti… yo sin mi vida… de nuevo te perdí…
Desequilibrio constante del sueño, las pesadillas gobiernan mi mundo, mi mirada
perdida y vacía y entre ojeras, simple y rápido se pierde lo real... otro
sueño, otro despertar.
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